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El balneario

La idea del balneario ha sido extraordinaria, eso nos permitiría descansar, pues estábamos agotados después de estos días estresantes por el trabajo y la mudanza, serían unas merecidas vacaciones.


El viaje había sido ameno, pues los dos estábamos nerviosos, era nuestra primera visita a un balneario y no teníamos ni idea de cómo sería, sólo conocíamos lo que habíamos visto en los folletos de la agencia.


Entramos en el vestíbulo despacio, mirando a todos lados buscando una cara que nos pudiese ayudar, de pronto un hombre se nos acercó muy sonriente y nos dio la bienvenida en nombre del balneario, nos hizo las preguntas de cortesía sobre si era nuestra primera visita, si conocíamos la zona y nos comentó las actividades que tenían.


En ese momento, lo que nos apetecía era tumbarnos en la cama a descansar hasta la hora de la cena, después de un relajante baño, aunque quizás fuese mejor una corta ducha, ya que durante los próximos tres días íbamos a estar remojados constantemente.


Entramos en la habitación, era espaciosa y luminosa, esperaba algo más cutre por el precio del viaje, ¡era un buen comienzo!


Cuando nos despertamos, ya era de noche, debíamos habernos quedado dormidos por el cansancio.


Bajamos a cenar, el salón estaba lleno, así que tuvimos que esperar a que nos preparasen una mesa.


La cena fue deliciosa, tomamos crema de marisco, ensalada con productos típicos de la zona y gallo con salsa de limón. Lo mejor el postre, unos fresones con nata, es el producto estrella de la tierra. Fue divertido ver como nos manchamos con la nata, parecíamos dos niños pequeños.


Nos fuimos a la cama agotados, necesitábamos descansar para afrontar el día de duchas, masajes y lodos, "un día de remojo".


Habíamos concertado con recepción que nos despertasen a las ocho de la mañana y así pudiésemos disfrutar del día. Fueron puntuales, exactamente a las ocho sonó el teléfono, sobresaltados cogimos el auricular y nos avisaron que era nuestra hora, que debíamos bajar a desayunar porque nos esperaba la piscina termal a las nueve.


El desayuno fue frugal, no podíamos atiborrarnos de comida para luego pasarnos todo el día bajo el agua, ¡qué hambre íbamos a pasar!


Bajamos a las nueve al hall con nuestros recién estrenados bañadores, allí estábamos todos aguardando que nos diesen las instrucciones del día. Una rechoncha mujer comenzó a hablar, aunque quizás debiera decir gritar, con su voz aguda que se clavaba en la cabeza, ¡cómo no escucharla!, que nuestro desintoxicante día se iniciaba en la piscina termal donde nuestros cuerpos se acostumbrarían a la temperatura del agua y luego pasaríamos a realizar el tratamiento individual que nos habían prescrito en función del examen médico que nos habían realizado con anterioridad.


¿Ahora ya sabía para qué servía el papel que nos habían dado en recepción cuando dimos nuestros nombres? Miramos nuestros horarios, vimos que teníamos el mismo recorrido, así que una de dos, o no era individualizado o estábamos con los mismos achaques. Por lo menos tendría a alguien conocido con quién hablar durante las sesiones de hidroterapia.


Nos metimos en la piscina, el agua estaba a 23 grados, es decir, un poco fresca para mi gusto, pero no era bueno que comenzáramos por agua muy caliente ya que tendríamos frío luego. Una vez dentro no sabíamos qué hacer: nadar, andar, estar quietos.


Me acerqué lentamente a él y comencé a desatar los cordones que sujetaban el bañador, parecía no darse cuenta o quizás le gustaba la idea y me dejaba hacer, era morboso tocarle delante de todos pero sin que nos descubriesen.


Metí mi mano por dentro y la encontré, estaba pequeñita y blanda por el efecto del agua, comencé a acariciarla a ver si conseguía recuperarla, y comprobé que el masaje era eficaz; en un momento, se puso dura y tiesa.


En ese instante, apareció la señora de antes y chillando, de nuevo, nos dijo que teníamos que salir del agua e iniciar nuestro recorrido.


No sabía cómo salir del agua sin que fuese demasiado ostentoso la nueva situación corporal, la única idea que se nos ocurrió fue que se colocase detrás de mí para taparle. Entonces, se oyó "mirar que enamorados, van juntos a todas partes", los colores subieron a nuestras caras rápidamente, porque en vez de pasar desapercibidos, fuimos el centro de atención.


Nuestro siguiente paso era el hidromasaje, nos llevaron a una bañera redonda de la que salían burbujas que invitaban al reposo y descanso, donde únicamente entrábamos los dos, mejor así. El agua estaba un poco más caliente, el cartel ponía que a 35 grados, no sé, quemaba un poco, y eso que me gusta el agua casi hirviendo.


Una vez dentro, las burbujas comenzaron su efecto reparador y tranquilizador, porque parecía que nos íbamos quedado adormecidos, pero era una mera ilusión. Las malditas burbujitas se metían por dentro del bañador provocando un cosquilleo que excitaba nuestros cuerpos.


De pronto, noté como una mano se deslizaba por mi espalda y caía mi bikini, había deshecho el nudo sin que sospechase nada. Sus dedos jugueteaban por mis senos acariciándolos, pellizcándolos, y eso hacía que botase, pero ¡claro! no podía moverme demasiado porque nos podían ver.


De esta manera el baño era más interesante: más relajante aunque también más excitante.


Cuando nos encontrábamos semidesnudos, apareció nuestra querida amiga "la gritos", como la habíamos bautizado, ordenándonos que saliésemos del agua y fuésemos a la sauna, que era nuestra siguiente etapa en el camino hacia el éxtasis (nunca mejor dicho).


Intentamos recomponernos lo mejor posible y salimos sumisamente. Nos encaminamos por un largo y estrecho pasillo, donde una inesperada corriente de aire recorrió nuestro cuerpo dejándonos helados, siguiendo a nuestra anfitriona que nos dejó sin decir ni una palabra delante de una cabina con apariencia de madera donde un cartel nos anunciaba que era la sauna.


Las instrucciones ponían que teníamos que quitarnos la ropa y entrar desnudos, ¿qué hubiera pasado si en vez de ser mi amorcito es otra persona?, un poco más abajo estaba la solución, no era indispensable quitársela aunque sí recomendable, así que fuimos buenos e hicimos caso de las indicaciones.


El calor era insoportable, el vapor nublaba nuestra vista sin dejarnos ver por dónde andábamos, pensaba que me iba a desmayar. Al instante, comencé a recuperarme, mi cuerpo se fue acostumbrando a ese calor seco y pegajoso.

Pudimos ver que estábamos en una pequeña habitación, recubierta de madera, con unos bancos en los laterales donde podíamos tumbarnos o sentarnos. Decidí sentarme, estaba muy cansada, me parecía increíble que unas sesiones de relax agotasen de esa manera.


Estuvimos un rato sin movernos ni podíamos hablar, teníamos los ojos cerrados y nuestra respiración estaba pausada. No se oía ningún ruido salvo nuestro cuerpo en funcionamiento.


Mi mente se abandonó a la tranquilidad reinante, las imágenes vagaban sin rumbo fijo, un dulce sueño comenzó a invadirme.


Unas manos se deslizaban lentamente por mis piernas, subiendo por mis pantorrillas, alcanzando mis muslos y rozando mi pubis. Un estremecimiento sacudió todo mi cuerpo, era una delicia ese leve roce de los dedos por la piel sensible.


Abrí los ojos y le vi allí a mi lado sonriendo, ¿quieres que te dé un masaje?, le contesté que no me parecía el lugar más adecuado, que nos podían ver, aunque luego pensé que qué nos iban a ver si ya estábamos desnudos, solamente nuestros cuerpos acariciándose, algo "muy natural", como decía la propaganda del lugar.


Me di la vuelta y se arrodilló junto a mi cadera. Puso sus calientes manos sobre mis nalgas y comenzó a estrujarlas entre sus dedos, le pregunté que qué masaje era ése y me dijo que así activaba la circulación, así que me callé y decidí no interrumpir al maestro.


Sus dedos apretaban con fuerza los músculos de mi espalda, al principio era un poco doloroso aunque luego se quedaban relajados. Poco a poco fueron subiendo por la columna hasta llegar a la base del cuello. Los escalofríos aumentaban por las sensaciones placenteras, no podía aguantar, intenté levantarme pero me lo impidió, me dijo que me relajase y disfrutase. Así que decidí rendirme.


Noté como algo húmedo y caliente bajaba por mi espalda, ¿qué sería? Abrí los ojos y vi como un cazo de agua caliente caía por todo mi cuerpo, y con ello mi esperanza de disfrutar. Una puerta se abrió y allí estaba de nuevo nuestra "amiga" apremiándonos a salir, ¡de verdad qué corta rollo era!


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